Líneas-Títulos-Michele-Cea-icono

Massimiliano Porro,
profesor de Historia del Arte.

EL MUNDO NO FUE CREADO UNA SOLA VEZ, SINO QUE CADA VEZ LLEGA UN ARTISTA ORIGINAL (MARCEL PROUST). UN AFORISMO QUE ENCAJA PERFECTAMENTE CON LA OBRA DE MICHELE CEA. LA EXPERIENCIA DE ENCONTRARSE CON SUS OBRAS NUNCA ES TRIVIAL. NO SE DETIENE CON LA MERA OBSERVACIÓN O LA SIMPLE INVOLUCRAMIENTO EMOCIONAL. ENCONTRARSE CON LO QUE MICHELE HA CREADO SE CONVIERTE EN UNA FORMA DE RELACIÓN CON ALGO ÍNTIMO. ES COMO PASAR LAS PÁGINAS DE UN LIBRO QUE ÉL HA LEÍDO, ABRIR UN CAJÓN EN SU ESCRITORIO EN SU AULA DE ARTISTA O PERSIGUIR LA PRODUCCIÓN DE MICHELE CEA ENTRE LOS MUCHOS MATERIALES QUE UTILIZA. Te cautiva su voluntad instintiva de no detenerse jamás, de ser un volcán de ideas, un motor que se lanza a una carrera más allá de los límites clásicos de la existencia. De la materia, con vigor energético, se liberan una técnica y un gesto que, con el tiempo, se convierten en firmas inconfundibles de su ser. Es un encuentro, un choque con la realidad, con la personalidad del joven artista, una recepción de emociones que provienen de todos los lugares, concretos y metafísicos, que visita. Se activa el brillo ,la chispa que no deja a nadie indiferente y genera un magnetismo que invade y penetra. Sacude el alma del polvo acumulado en la vida cotidiana y la catapulta a la dimensión del arte auténtico, donde las consideraciones estéticas y académicas se ignoran por completo. El deseo de Michele de liberarse de las convenciones sociales que conducen al conformismo se materializa en la superficie tetradimensional de sus obras, donde la acción del artesano se fusiona con la meditación de un filósofo virtuoso. Así, el punto de vista convencional se hace añicos, y el espacio se fragmenta literalmente, transformándose como parte integral de la obra. Las puertas del corazón y del alma se derriban para revelarse sin temor al mundo. ES UNA LUCHA QUE PERDURA. ESTO SE ENCUENTRA EN LOS MATERIALES ÁSPEROS Y RUGOSO QUE SE ENTRELZAN, EN LOS ENCAJES Y LIENZOS QUE ABSORBEN EL COLOR Y COMUNICAN LA TORMENTA Y EL AUGE DE LA MEMORIA ROMÁNTICA. DE ESTA MANERA, LA INVESTIGACIÓN DE MICHELE ES ACTUAL E INOLVIDABLE. Nunca tiene una conclusión definitiva, al igual que sus obras nunca tienen un final determinado. Su ritmo nunca cesa. Cada vez que uno se para frente a una de sus pinturas, una nueva energía vital comienza a fluir, siempre diferente. Podría definirse como una especie de "inacabado". Es un intento de no interrumpir la comunicación directa y disruptiva que el artista crea con el espectador. Un método renovado del pasado que permite que sus obras sean cambiantes. Cambiantes como el alma en el momento en que uno comienza a pintar y esculpir. Cambiantes como quienes las contemplamos.

Las obras de Michele son un espejo de pasiones y miedos. Iluminan la oscuridad del corazón. Buscan respuestas. Y contienen una gran verdad: la elección de ser un artista intransigente, de sentirse a veces incómodo al situarse en el mundo y comunicarse con él. De ser, precisamente, original. Ha desplegado sus alas para volar alto, más allá de los límites del marco visible.

VER CRÍTICAS DE...